Impresiones de Polonia

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Este no fue uno de esos viajes en los que se conocen y hacen muchas cosas, pero sí fue muy típico para lo que son los míos; un encuentro con nuevas y viejas personas. El motivo de esta visita era asistir a una fiesta por el quinto aniversario de matrimonio de una pareja de amigos, por lo que desde la llegada fue solo celebración; estuvimos casi todo el tiempo en la finca del padre de ella, por esto, se puede decir que conocí más en el camino, que en el destino; la impresionante iglesia (que merece un post completo) y un poco más a su alrededor, hacen parte de la afortunada excepción.

Al principio me llamaron mucho la atención los paisajes; como siempre, no sé que era exactamente lo que tenía en mi cabeza sobre el lugar, pero normalmente no coincide con lo que veo. Mucho verde, extensos bosques; en un momento cortados por la autopista, pero a su vez con un extremo cuidado del equilibrio ambiental, que valoro mucho. Cada cierta distancia, relativamente poca, aparecía un puente exclusivo para animales, por el cual pueden pasar con seguridad hacia el otro lado, sin verse obligados a cruzar la peligrosa calle; que aunque quisieran, tampoco podrían hacerlo porque está cercado completamente entre uno y otro paso. En algunas carreteras ya había visto animales atropellados, por lo tanto, admiro el sumo cuidado con que los han preparado ante la enorme intervención; digno de imitarse, en pro de la preservación de las especies.

Puente para animales

Al entrar al país tuvimos que cambiar euros a złoty, porque a pesar de que Polonia hace parte de la unión europea, sigue teniendo su propia moneda; y aunque intentamos aprender algunas palabras de su idioma y recordarlas, no pudimos ni decir gracias a la chica que nos atendió; ahora no olvido que se dice yenkuie, o algo similar, pero no tengo idea de cómo se escribe.

Es un país muy religioso, me recordó al mío, al tener la sensación, pasando por los pueblitos, de estar en una de tantas carreteras de Antioquia, donde se encuentran, sucesivamente, cruces y santos. También al lado de un parque me encontré a María, muy bien adornada con flores.

Las señales de tránsito, son bastante divertidas y muy gráficas, aunque un poco difíciles de fotografiar con el carro en marcha; les dejo una muestra, aunque confieso que no fue la que más me gustó. Y como seguro están esperando saber de quién es el nido, les cuento que se trata de cigüeñas, por eso su gran tamaño y altura; me hubiera encantado ver a alguna posada sobre uno de ellos.

En fin, que no quería perderme de nada en el camino, y una muestra de ello es la foto que logré hacer del claustro franciscano; con el giro me lo había perdido de frente.

Virgen María en Polonia

señal de tránsito Polonia

Claustro franciscano

Después del largo camino, algunos llegamos al lugar el día antes de la fiesta, por lo que estuvimos ayudando un poco en su organización; la mayor parte ya estaba lista y la cocina seguía llena de gente, terminando la comida; en este mismo lugar, unas horas más tarde estaríamos casi todos, conversando y brindando con vodka, que es lo más típico entre las personas mayores.

Al siguiente día, continuaron los preparativos; por ser él un inglés, toda la fiesta fue una mezcla entre las dos culturas y la de algunos países más; porque hasta sangría hubo, muy bien alistada en un balde, con frutas picadas, como es debido. También salchicha y carne a la alemana, y no podían faltar los muffins, con todo lo necesario para convertirlos en deliciosos cup cakes; y detrás, la creativa nevera para las cervezas, que no dejó de llamar la atención hasta el último momento.

Brindis con vodka

El balde de sangría

Mesa de postres

Cuando empezaron a llegar los invitados, estaba todo organizado y en su punto, con un amplio menú en comidas, bebidas y postres, que no logró agotarse, por lo que al siguiente día tuvimos mucha variedad en el desayuno. Este detalle me gustó mucho, porque así no se bota la comida, y puede alternarse con otros alimentos más “normales” a esta hora del día.

Con todo, ya era hora de regresar, después de haber conocido a muchas personas, la mayoría polacas; cosa que nunca me imaginé, por la dificultad de su idioma. Por suerte, muchas de las personas mayores hablaban alemán y así pudimos comunicarnos; aunque no dejó de ser exigente tanta mezcla de idiomas, entre el español, el inglés, las pocas palabras de polaco y el alemán; a veces todos en un mismo momento. Pero un fin de semana excepcional, con estas y muchas más impresiones de Polonia.

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