Modernista

La primera obra de Gaudí

Palau Güell. Fachada con persianas hacia la terraza

Uno de los primeros grandes encargos que Gaudí recibió, siendo aun joven, fue el diseño de un palacio para la familia del empresario Eusebi Güell; quien se convirtió en uno de sus más importantes mecenas. Así nació el Palau Güell, construido con materiales nobles de la región, entre piedra, madera, hierro forjado y vidrio. Fue la vivienda de la familia hasta que se trasladaron al Park Güell. En 1945, la hija menor, Mercé Güell, cedió el edificio a la diputación de Barcelona, para fines culturales. En 1984, fue declarado patrimonio mundial por la UNESCO.

El palacio se puede visitar gratuitamente el primer domingo del mes, con boleta. Se reparten una cantidad de entradas definidas para cada hora, por eso lo más recomendable es ir temprano, a partir de las 10 am, para conseguirlas. Se entregan hasta cinco por persona. Luego se debe llegar a la hora asignada. O se puede visitar cualquier día, excepto los lunes, pagando la tarifa correspondiente. En ambos casos se recibe una audioguía.

He hecho un pequeño resumen de la visita al palacio, tratando de llevar el mismo orden del recorrido, pero saltándome algunos lugares. Te invito a conocerlo.

 

Visita por el palacio Güell

Al entrar al edificio se llega directamente a lo que era la cochera; trabajada en roble y hierro, con un estilo medieval y renacentista. Donde ahora está la tienda, se almacenaban los productos agrícolas.

En el sótano se encontraba la caballeriza, sostenida en columnas y sin muros; para tener una mejor circulación de personas y animales. Contaba con una excelente ventilación, gracias al patio y a las aberturas a la calle. Contaba, además, con algunos detalles que se conservan hasta la actualidad.

Antigua cochera  Detalle de unicornio

Sotano- caballerizas  Patio interior

La escalera principal está construida con piedra traída de los pirineos y como remate cuenta con un vitral con los colores de la bandera de Cataluña. Al subir, se accede directamente al vestíbulo, donde se hallaban la biblioteca y la oficina del señor Güell. En él se utilizó piedra caliza de las canteras de la familia.

Al terminar de subir, se encuentra una hermosa banca que hacía también las veces de pasamanos. El comedor se fabricó en nogal -al igual que la chimenea- y cuero. La separación que se encuentra entre este y la sala es del 2010 y reemplazó a la original, desmontable según la estación del año en que se encontraran.

Escalera principal Banca pasamanos Comedor con la chimenea al fondo

La sala central, de 80 m2 es a partir de la cual se organiza la vida del edificio. Puede ser observada desde los niveles superiores y tiene una entrada de luz, día y noche, gracias a la concepción de la cúpula como firmamento, por medio de una piedra agujereada y con una apropiada condición acústica para las veladas culturales, los conciertos y los oficios religiosos. La capilla podía abrirse y cerrarse, dando flexibilidad al uso del salón.

El dormitorio de Isabel López estaba separado del de su esposo, pero conectados interiormente. Tenía un balcón especial que le permitía asistir a la misa sin bajar a la sala central y también tener una visión general de la casa, incluidas las visitas.

Un costado de la sala central  Cúpula agujereada, concebida como firmamento

Salón principal visto desde arriba hacia el lado de la capilla  Habitación de Isabel López

La escalera de servicio es la única que conecta todas las plantas. Es semicolgada, empotrada a un lado y sostenida en el otro por los hierros forjados que hacen de pasamanos. Dentro de los demás espacios de servicio se encontraban  el lavadero, la cocina y 12 dormitorios.

En la azotea sobresalen las 15 chimeneas del palacio y las de la cocina. La aguja que cubre la central está hecha con piedra arenisca de la finca y un material de desecho que no absorbe la humedad.

Escalera de servicio que comunica todas las plantas Chimeneas en la azotea del palacio Chimenea central

La puerta exterior, construida en hierro forjado, fue diseñada especialmente por Gaudí, de una manera que fuera más tupida en el centro. No se puede ver de afuera hacia dentro, pero si de dentro hacia afuera. ¿Qué les parece? yo estoy adentro, ¿me ven o no, visitando la primera obra de Gaudí?

Reja exterior

¿Quieres conocer otra casa maravillosa de Gaudí? no te pierdas “La pedrera, la naturaleza hecha edificio”.

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La ciudadela de Hundertwasser

Ciudadela Hundertwasser. magdeburgoZitadelle Hundertwasser. Magdeburg

La ciudadela verde “Die grüne Zitadelle” es un proyecto de Friedensreich Hundertwasser (1928-2000), un artista que nació y estudió en Viena y realizó su última obra en Magdeburgo, Alemania, con este nombre. Sus construcciones se caracterizan por la combinación de las formas para obtener mejores estructuras, además, por ser coloridas, irregulares y nada convencionales; con un naturalismo implícito y explícito, que las hace únicas. Es comparado, por los alemanes, con Gaudí, por sus formas circulares, que se entrelazan, evitando los ángulos rectos.

La ciudadela verde se trata de un complejo residencial, que es de uso mixto, tiene este nombre porque sus superficies horizontales están cubiertas de hierba, con algunos árboles en medio de las circulaciones; que pueden verse, claramente por todas sus fachadas y que llegan inclusive a salir por las ventanas.

Fachada grüne Zitadelle. Hundertwasser_thumb[1]

Su principal uso es el de vivienda y en las torres cuenta con algunas especialmente diseñadas, como una casa dentro de la “gran casa”.

El nivel 0.0 es comercial, con tiendas muy especiales y llamativas, que incluyen detalles, artículos para el hogar, exquisiteces y una dedicada a Hundertwasser, ubicada en el patio central, donde puede encontrarse casi todo lo relacionado con el artista y observarse una maqueta de toda la ciudadela; se puede identificar muy fácilmente, porque en su entrada tiene un maniquí que representa a Hundertwasser sentado en su taller.

También, en la misma zona, se encuentra un café donde puede comerse muy rico al medio día o en la tarde, alguna torta o helado; este tiene una agradable zona al aire libre, desde la cual pueden tenerse vistas sobre el conjunto.

Torre de viviendas de Hundertwasser.    Patio de ciudadela Hundertwasser

Patio central ciudadela Hundertwasser    Vista del conjunto desde la terraza del cafe

Visitar este edificio me ha dejado sin palabras, todavía no logro saber qué es lo que pienso sobre él. Me gusta la manera como obtiene las formas, como combina lo natural con lo artificial y el impacto que causa en una ciudad donde lo nuevo y lo antiguo han tenido que aprender a convivir.

Sin duda era un gran artista, aunque no me atrevería a compararlo con Gaudí, de todas maneras no tengo aun argumentos para hacerlo; la ciudadela solo se puede visitar de manera independiente en sus zonas públicas, habrá que apuntarse la próxima vez a una de las visitas guiadas, que de seguro dejan ver muchos de sus detalles, su espacialidad y distribución interior.

El rosa por sus cuatros fachadas podría parecer demasiado, más bien me lleva a pensar en la ciudadela rosada, antes que en la verde. Aunque creo que era un hombre de contrastes y por eso optaba por cierta intensidad en sus colores.

Tal vez tenga después la oportunidad de conocerlo más profundamente y hacerme una idea más precisa sobre su arquitectura y estilo; por ahora no queda más que pensar en esta, la ciudadela de Hundertwasser.

Fachada principal, ciudadela Hundertwasser

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La pedrera, la naturaleza hecha edificio

Casa Milà, la pedrera. Gaudí, Barcelona

La casa Milà, más conocida con el nombre de “la pedrera”, por su aspecto exterior; fue diseñada por el arquitecto Antonio Gaudí, en la plenitud de su vida profesional; fue su última obra civil, que entró rompiendo los esquemas de su tiempo y nos deja ver cómo la naturaleza puede hacerse edificio. Se trataba de una vivienda entre medianeros, realizada entre los años 1906 y 1912, por encargo del señor Pere Milà y su esposa, Roser Segimon, para ser su residencia familiar y alquilar las demás; por esto, consta de dos bloques de viviendas, que se comunican por medio de los dos patios centrales. El edificio hace parte del patrimonio mundial de la UNESCO desde 1984, por su gran valor universal y está ubicado en Barcelona.

¿Cómo entrar gratis?

Como todo aquello que suelo visitar, aquí es posible entrar gratis en la noche de los museos, en el mes de mayo; o acceder a la sala de exposiciones temporales (por la puerta anterior a la taquilla, pasando entre la gente que hace fila), esta está ubicada en la planta principal, por lo que es posible apreciar uno de los patios interiores del edificio y las respectivas escaleras que conducen a la misma, que antes fueron el acceso de los señores Milà a su residencia; y hacerse, así, una pequeña idea de su composición y riqueza arquitectónica. Si no hay exposición, no hay acceso a esta zona.

Patio central, la pedrera, Gaudí Escaleras a la sala de exposiciones. La pedrera, Gaudí. Barcelona

 

Exposición actual

En este momento, se está presentando una exposición del artista Chema Madoz, llamada “Ars combinatoria”, el arte de la combinación y estará hasta el 28 de julio; él es uno de los creadores de fotografía más destacados de España. No lo conocía, pero me encantó la manera como interpreta y muestra el entorno en que vivimos; les recomiendo mucho su obra. La siguiente exposición estará del 17 de septiembre al 12 de enero de 2014.

 

Recorrido por el edificio

 

Azotea

Si finalmente se ha ingresado al edificio (por la taquilla), se encuentra inmediatamente el otro patio interior y después se toma el ascensor, para no subir las nueve plantas por las escaleras. El recorrido inicia en la azotea, donde se tienen vistas de la ciudad, destacando la torre Agbar y la sagrada familia, y más de cerca, el paseo de gracia. En este mismo lugar, se puede empezar a entrever la estructura interior del edificio y lo curvilíneo de su diseño.

Sagrada familia y torre agbar, vistas desde la casa Milà, la pedrera.

Vista del edificio, por el patio central, desde la terraza. La pedrera, Gaudí.

La estructura de la parte superior, está formada por un conjunto de arcos catenarios que configuran el desván y soportan la azotea. Cuenta con seis cajas de escaleras que contienen los depósitos de agua y traban los arcos, al tiempo que sobresalen, al igual que las torres de ventilación y la chimenea; con formas simbólicas, que se interpretan de diferentes maneras, pero que cumplen muy bien con su función práctica.

 

Desván

La visita continúa en orden descendiente, hacia el espacio Gaudí; donde se exponen algunas maquetas y elementos usados por el arquitecto para sus diseños, en este y en sus demás proyectos. Al mismo tiempo que se va caminando por debajo de los arcos catenarios, en el espacio donde antes estuvo la lavandería.

Arcos catenarios, estructura de la casa Milà, la pedrera, de Gaudí.

 

Apartamento o piso

Un nivel más abajo, se llega al apartamento “modelo” por medio de las escaleras de servicio; este puede recorrerse, reparando en cada uno de sus detalles, espacio por espacio; con su mobiliario original y el equipamiento doméstico.

circulación apartamento de la pedrera, GaudíSilla de Gaudí en la pedrera

Todo está perfectamente coordinado y adosado, en un recorrido circular, por el cual se va accediendo a cada cuarto; es una visita que no se queda solo en la arquitectura y sus detalles, si no que va también a la habitabilidad de la casa, dando una idea sobre la vida de una familia burguesa de la Barcelona del siglo XX. Mi lugar favorito fue la cocina, muy bien distribuida, con todo lo necesario, sencilla, muy amplia y práctica.

Acceso a la cocina, casa Milà, GaudíFogón-estufa, casa Milà, Gaudí

Después de pasar por la tienda, se sale nuevamente por las escaleras de servicio, convencido de que las personas vivían, en aquel entonces, muy contentas en el lugar; y lo siguen haciendo, los pocos que ahora, entre turistas y oficinas, tienen el privilegio de vivir en la pedrera, la naturaleza hecha edificio.

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Terrassa, textil y modernista

Tarrasa es un municipio ubicado a  pocos  kilómetros de Barcelona, su nombre en Catalán es Terrassa. Es posible llegar hasta allí desde la estación de Sants, con Renfe; o desde plaza Cataluña con los Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña, FGC. El trayecto es de aproximadamente 45 minutos, con paisajes diferentes entre una y otra ruta.

Si se elige subir en Renfe, el recorrido del tren termina en la estación del norte; donde antiguamente llegaban los comerciantes, para adquirir las telas y otros productos de la industria. Bajaban hacia el centro por la carrera del norte, donde estaban dispuestos los almacenes y algunas viviendas de los personajes relacionados con la industria textil, encontrando rápidamente lo que buscaban. Se dispuso de esta manera, debido a que las fábricas se encontraban más alejadas.

La llegada del tren a Terrassa, el 16 de marzo de 1856, favoreció el desarrollo de la ciudad industrial; ya que permitió la llegada del carbón y de las materias primas, y la salida de los productos manufacturados.

Estación del norte, Tarrasa

Si se transita por la misma calle, se puede observar el almacén Corcoy, en un estado avanzado de deterioro; fue diseñado por el arquitecto Melcior Viñals i Muñoz a comienzos del siglo XX; cuenta con una tipología original para este tipo de edificios, con planta baja y un elemento central que forma un segundo piso.

Almacén Corcoy, Tarrasa

Al llegar a la plaza Saragossa, se encuentra el almacén Joaquim Alegre, el más emblemático de la ciudad, construido por Lluís Muncunill y su lenguaje modernista. Tiene arcos elípticos, definiendo la fachada y cuenta con planta baja y dos pisos más. Su construcción fue encargada por el señor Alegre, para ser el almacén de la fábrica donde en este momento se encuentra el museo de la ciencia y la técnica de Cataluña.

Posteriormente, fue comprada por el señor Pau Farnés, quien la convirtió en archivo fotográfico, utilizando sus propias fotografías, a las que rápidamente se fueron sumando las de los demás habitantes; incrementando el inventario. Además, él mismo, cuando empezó el cierre de las fábricas, fue personalmente a pedir que le regalaran los libros de contabilidad, muestrarios y demás documentos, que iban a botar; y los guardó durante años; gracias a ello, en este momento se encuentra toda esta información en el museo.

El edificio se conserva como antiguo y en él continua funcionando el archivo fotográfico de la ciudad, donde realizan exposiciones, hacen nuevas fotos, reciben las antiguas que les van donando y cada año publican un libro con las noticias y fotografías del mismo; de esta manera velan por el patrimonio material e inmaterial del municipio. Ayer se inauguró la exposición sobre la historia de Terrassa a través del arte de los jóvenes.

Almacén Joaquim Alegre, archivo fotográfico de Tarrasa

En la esquina contigua se encuentra el antiguo vapor, de 1888, que estaba ubicado en tres cuadras, que se arrendaban a las empresas, quienes aprovechaban la fuerza motriz de la máquina de vapor para producir principalmente los tejidos de lana. Solo se conserva, parcialmente, la que hace esquina, conformando ahora una plaza. Es la nave industrial más antigua, con un sistema constructivo en estructura metálica con pilares fundidos y vigas de acero.

Cuadra de vapor ventalló

Fachada lateral, cuadra de vapor, Tarrasa

Al costado está la antigua fábrica y almacén Marcet i Poal, el edificio del almacén, destaca por la decoración de la cornisa en cerámica y su estilo modernista en balcones y rejas, fue diseñado por el arquitecto Josep Maria Coll i Bacardí en 1914; actualmente la ocupan oficinas de la Generalitat. La nave industrial entró a sustituir a la anterior, que se había destruido en un incendio, fue obra de Lluís Muncunill y por lo tanto se pueden observar en ella, las características de su arquitectura industrial, con muros y elementos decorativos de ladrillo a la vista y frontón triangular superior.

Almacén Marcet i Poal, TarrasaFábrica Marcet i Poal, Tarrasa

En la siguiente calle, se encuentra la cuadra de la fábrica Izard, que es la única nave que se conserva, donde se hicieron los trabajos de tintes; diseñada por el mismo Lluís, destacan las bóvedas de la cubierta, de ladrillo plano, coronadas con claraboyas. Se rehabilitó en 1982, para ser utilizada como la sala Muncunill, un homenaje a su arquitecto, hasta la actualidad.

Cuadra de la fábrica Izard, Tarrasa

Yo había estado allí en más de dos ocasiones, pero solo conocía las calles que me conducían desde las estaciones, hasta la universidad; me alegra haberme tomado el tiempo de recorrerla, porque encontré, como siempre, mucho más de lo que me hubiera imaginado. No tuve tiempo de ir al museo, por lo que les quedaré debiendo el final; al igual que el recorrido por la Tarrasa medieval y moderna, con abundantes esculturas como en Rotenburg y algunos otros sitios de interés. Así, que por ahora, nos quedamos solo con esta Terrassa, textil y modernista.

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Mi segundo encuentro con la arquitectura

Casa Batlló, Gaudí

Casa Batlló, Gaudí

Podría decirse que el mayor sueño de un arquitecto es Europa, allí está reunida gran parte de aquellas cosas que hay que ver y la arquitectura es uno de sus principales componentes; por lo tanto, es también una de las cosas que más impacta al llegar de Latinoamérica a Europa.

Mi primer mes en Barcelona fue intenso y de mucho trabajo, porque había llegado 20 días tarde a las clases y ya estaba lo suficientemente atrasada. La vida no me daba para nada más y lo único que conocía de la ciudad era la zona donde vivía, que en ese momento no pudo ser mejor (ya hablaré de ella); la universidad y el metro, que al ir en él solo pensaba en cómo sería arriba, en la calle. Conocía muchos lugares, pero solo por el nombre de las estaciones, como plaza España o plaza Cataluña, que posteriormente sobrepasaron todas las expectativas de aquello que me había podido imaginar en el subterráneo.

Después de un mes entero con este ritmo, ya no podía permitirme no ver algo más. Surgió entonces la idea de ir en bus a la universidad, aunque pudiera tardarme 20 minutos más, o sea casi una hora. Recuerdo esa primera vez… no podía creer lo que mis ojos estaban viendo, cuánta arquitectura, cuanta magia, qué ciudad soñada en la que me encontraba; en ese mismo recorrido pasamos por una casa de Gaudí y no puedo describir lo que sentí en ese momento; después pasamos por otra, ya creía que no iba a soportar más, y tal vez mi boca no podía estar más abierta; eso ya había salvado el recorrido y el tiempo de más. Por supuesto ya no quería volver al metro; una y otra vez fui y volví en bus, deleitándome, maravillándome aun, sin querer perder esas primeras impresiones y disfrutando de ser turista en mi nueva ciudad.

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