Naturaleza

El sendero de las nueve piedras

Inicio del sendero de las 9 piedras. Parque tayrona

Al ingresar al Parque Nacional Natural Tayrona (uno de los lugares indispensables en una visita a Colombia) por la entrada El Zaino, se accede fácilmente al sendero de las nueve piedras. Se trata de un recorrido interpretativo, que permite observar, a través de pequeños agujeros creados en grandes piedras, elementos del paisaje que son fundamentales dentro de la cultura tayrona. Tiene un grado de dificultad bajo, por lo que puede ser realizado por cualquier persona. Además, se puede optar por una de las tres rutas, que van desde los 30 hasta los 70 minutos.

Este sendero fue una de las cosas que más disfruté de este lado del parque, y decidí escribir exclusivamente sobre él, ya que no muchos lo conocen o le prestan atención. la mayor parte de los visitantes siguen de largo, dirigiéndose directamente hacia las playas arrecifes, la piscina o el cabo San Juan. Y se están perdiendo de una buena experiencia.

La ruta A, que es la principal, tiene una longitud de 1400 m y es la única que comprende las nueve estaciones. Esa fue la elegida, para no perdernos de ningún secreto de esta hermosa cultura y que ahora les comparto:

1. Cruzar el umbral

Era la primera estación, ya que llevaba implícita en sí la decisión de iniciar un camino, atravesando un pequeño portal de piedra.

2. Pasa por los bejucos y conocerás el bosque.

Decían que cruzar por entre los bejucos, daba acceso al conocimiento de las especies curativas y secretos de la selva.

Piedra en la primera estacion. Iniciar el camino    Los bejucos vistos atraves de la piedra

3. Descansa en el cáncamo sagrado.

El cáncamo sagrado era la depresión entre las rocas, que los antiguos tayronas utilizaron para los entierros ceremoniales.

4. Observa el acuerdo “Yuluca”

La relación entre el árbol y la roca y la similitud de sus texturas. Parecen uno solo.

5. Descubre a los guardianes escondidos.

Los guardianes fueron guerreros que se convirtieron en piedra para cuidar estos lugares. Es impresionante pensarlos de esta manera.

Cancamo sagrado de los tayronas    Acuerdo yuluca entre arbol y roca    Guerreros tayronas convertidos en piedra. Los guardianes.

6. El mirador de la sierra y el mar.

Es sin duda la estación más hermosa y la motivación mayor para decidirse por la ruta larga, ya que las otras dos lo evitan. La posibilidad de ver tan cerca la sierra, al mismo tiempo que se observa el mar, es maravillosa. Hay pocos lugares donde se puede tener este contacto de manera tan especial como acá; desde la cima de unos acantilados que se fueron formando por la acción del mar, sobre la roca ígnea del batolito de la sierra.

La sierra y el mar    Vista desde el mirador de la sierra y el mar. parque Tayrona

7. El encuentro cerca del agua.

Esta playa era considerada un lugar sagrado, de encuentro de aguas dulces con el mar. Por medio de grupos de huecos en las piedras, los antiguos adivinaban, utilizando cuentas de cuarzo. A pesar del transcurso del tiempo, siguen presentes algunas huellas dejadas por estos antepasados.

Lugar sagrado de los antiguos tayronas    Huecos donde los tayronas adivinaban, en el lugar sagrado de encuentro con el agua

Después de esta estación, el recorrido se acabó muy pronto. Ahora he vuelto a mirar el mapa y me di cuenta que terminamos saliendo directamente, sin dar la última vuelta, donde se encontraban las dos estaciones faltantes. Así que si alguien lo hace completo, que por favor me cuente los últimos dos secretos del sendero de las nueve piedras.

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A través del Rio Claro

El rio claro. Antioquia

Para mí, Rio Claro nunca fue un lugar ajeno. Todo lo contrario. Casi era una de mis casas. Allí viví hermosos momentos de mi niñez, porque fueron muchas las vacaciones que pasé allí, compartiendo con otras personas y con mis compañeras de colegio, que alguna vez se fueron conmigo para allá. Siempre lo viví de una manera muy local y por supuesto de acuerdo a los planes de mi papá.

Es un lugar con mucha naturaleza y encanto. Está ubicado en Colombia, en el oriente antioqueño, entre los municipios de Medellín y Puerto Triunfo. Y como muchos de los lugares de los que les hablo, este también ha tenido su historia. Y es quizás, una que no está escrita, pero que fui viviendo paso a paso y ahora les comparto; como quien fuera uno más de sus habitantes.

La historia de rio claro

La época del auge

Una de las mejores épocas se vivió a finales de los 80´s. Lo único que se veía en aquel pequeño poblado eran buses turísticos y carpas, siempre rodeados de mucha gente que buscaban su río para disfrutar de las vacaciones; ya fuera acampando a sus orillas u hospedándose en Villa Sofía (actual hotel Rio Claro) con acceso directo al mismo. Era un lugar muy turístico, que vivía de esta actividad económica.

Entrada al hotel Rio claro

Apartado por la violencia

A mediados de los 90´s vino la época de violencia en el país. Llegaron los problemas de orden público en la zona y la presencia de grupos al margen de la ley alrededor de la autopista Medellín – Bogotá. Con esto, Rio claro se fue poco a poco convirtiendo en un lugar desértico, en el cual ya no abundaban las multitudes. Se fue quedando solo… Esto ocasionó deterioro en las escasas construcciones con que contaba y quienes llevaron la peor parte fueron los que en aquel entonces se ganaban su vida con el turismo, o sea todos; exceptuando solo a los afortunados que trabajaban en la fábrica de cementos Rio Claro (actualmente Argos).

Huellas de la epoca de violencia, al lado del puente sobre el rio claro

Recuperando la calma

Años más tarde, cuando la situación de orden público empezó a normalizarse, Rio claro se fue reactivando poco a poco. Aunque nunca volvió a tener ese mismo auge inicial. Ni siquiera con nuevas construcciones (una de ellas desocupada hasta la actualidad). El interés por el lugar estaba casi extinguido. Ya casi nadie lo visitaba. Ahora contaba con demasiada calma.

Nueva construccion, desocupada, en el  poblado Rio claro

Rio claro, el refugio

La cuarta etapa y tal vez la definitiva, es la actual. Aquel poblado, se observa ahora dividido: los de un lado del puente y los del otro. El lado privilegiado solo gira en torno a la reserva natural del cañón del Rio Claro, al refugio. Un lugar privado en el que es necesario pagar para poder entrar, que puso un enorme control al lado de la autopista y volvió de uso exclusivo una vía que siempre estuvo abierta y por la cual se podía transitar libremente. Los del otro lado parecen estar excluidos. Concentrados en un par de casas, un mercado y un montallantas, que vienen a tener visitantes de vez en cuando.

Restaurante de la reserva natural rio claro    Entrada a la reserva natural del rio claro

El otro lado del puente sobre el rio claro    Montallanta en Rio claro, Antioquia

Y no tengo nada en contra del refugio, pienso que hacen un buen trabajo por la naturaleza y eso se los contaré después. Lo que me pasa es que tengo la sensación de que me privatizaron el rio y nos dejaron sin un acceso libre a él. Con tristeza pude ver cómo aquella extensa zona verde en la cual estuvieron ubicadas las carpas, está llena de maleza y es ahora intransitable. Solo queda un estrecho caminito, por el cual, pasan a bañarse, aquellos que se resisten a dejar en el olvido ese espacio que nos dio tantas cosas cuando estábamos niños, a través del Rio Claro.

Antigua zona de camping junto al rio claro    Gente nadando en el rio claro

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Mis montañas de colores

Las montañas de Antioquia, casi la mitad de la vida, fueron mi inspiración. Esas que se ven verdes, azules, verde azules; cercanas y alejadas en el horizonte. Cuánta grandeza he encontrado siempre en ellas, cuántas preguntas me han suscitado mientras las contemplo, inquietudes, incertidumbres. Me ha maravillado, además, la manera como han sabido recorrer cada rincón de ellas. Cuando miro un punto fijo, algunas veces me pregunto ¿cómo se llegará hasta allá?.

Estos días en que he pensado en lo que extraño de Europa o lo que, sencillamente, no tengo acá, como el otoño; he estado con la tendencia a examinar con detalle mi alrededor. Y es un privilegio volver a encontrarme, tan de cerca, con esas montañas que me vieron crecer. También, con esto de los nuevos horarios, he encontrado a la par unos nuevos amores: los amaneceres. Desde el día de la caminata al cerro Combia, me gusta abrir la ventana y mirar con cuál es el que voy a encontrarme esa mañana, y ver cómo va cambiando poco a poco, para no dejarse descubrir de aquellos que no han madrugado a verlo. Este fue el de hoy, a las 5:30am y a las 6:15am. ¡Qué gran diferencia!

Amanecer 1    Amanecer 2

Y hablando de montañas y secretos del amanecer, ayer desde el patio tuve uno muy especial. Pocas veces en el año, la claridad de la mañana permite ver a tantos kilómetros de distancia. Se trataba del Nevado del Ruiz, ubicado en la ciudad de Manizales, a gran distancia de aquí. Me costó un poco reconocerlo, porque ha ido cambiando, parece que su nieve se ha ido derritiendo. Ahora se posa sobre él, una fumarola blanca, como indicando su actividad y su presencia.

Nevado del Ruiz, visto desde Fredonia

Y aunque hoy quería hablar de las montañas, que me siguen produciendo muchas cosas bonitas con su presencia; terminé mezclándolas con los amaneceres. Y es que ante esta vista en mi ventana, ya no pude resistirme a hablar de ellos, que combinan perfectos con mis montañas de colores.

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Ese octubre que trae el otoño

arboles en otoño

Les conté una vez que estaba casi segura de que mi estación favorita era el otoño, aunque siempre imaginé más lógico que lo fuera la primavera. Ahora, a mediados de octubre, pienso tanto en las hojas de colores, que están prontas a empezar a caer; aunque este año no ante mis ojos…

El octubre pasado ya sabía que sería el último otoño, antes de que pasara por lo menos un año, o tal vez más. Y sentí nostalgia, de esa que se siente cuando uno quiere atrapar las cosas con las manos, pero sabe que no va a poder.

Cuando estaba niña a mi me enseñaron que el otoño era una estación en la cual los árboles no tienen hojas. Pero, definitivamente, esa es su peor cara. ¡Así, quien lo va a querer!. Y como no podía aguantarme las ganas de saber si a los niños les siguen enseñando lo mismo hasta ahora, le pregunté a un par; y ya saben la respuesta: “es cuando los árboles se quedan sin hojas”.

Lo que yo pienso ahora del otoño es que es un momento hermoso, donde los árboles se van preparando, suave y dulcemente, para recibir el invierno; con la seguridad que les da el saber que, inevitablemente, llegará la primavera. El árbol se despoja de aquello que sabe que no le hará falta, y con eso, se abre a la posibilidad de recibir nuevas hojas, pero no sin antes acoger a la nieve, fría, que viene a descargarse y posarse en él. Como un lento despojarse, para revestirse después de aquello nuevo.

Bosque en otoño

Asimismo, el ser humano debería poner en práctica su ejemplo y dejar salir de sí lo que le impide vivir su momento concreto, con la certeza de que solo al hacerlo, llegará lo necesario, las nuevas hojas; y se revestirá de belleza, como el árbol en primavera.

Que cuando pensemos en renovarnos, pensemos en aquel árbol y aprendamos de su docilidad. Que sea un impulso más para nuestra vida, ese octubre que trae el otoño.

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El cerro Combia

Cerro Combia visto desde la zona urbana de Fredonia

Caminar por allí es como volver a esos caminos de niña. Sin duda mi memoria se ha olvidado de casi todo, pero no puede olvidarse de que estuvo ahí. Cuando se es pequeño, y tal vez gracias a la estatura, todas las cosas se ven diferentes, grandes, altas, amplias. Al crecer es como si todo se hubiera hecho más pequeño. Esa es la primera sensación al regresar a un lugar que se vivió en la infancia.

Ubicación y estado actual

El último lugar que me causó esta impresión fue el cerro Combia, ubicado en el municipio de Fredonia, en el departamento de Antioquia, en Colombia. Es triste el estado en el que se encuentra, no recibe mantenimiento y en algunos tramos, sus caminos de antaño han sido intervenidos de manera inadecuada, con escaleras de concreto que vienen a poner en riesgo el hermoso legado que nos han dejado nuestros antepasados. Trabajos cuidadosos que dieron como resultados caminos en piedra, aptos para el tránsito de personas y animales, ahora, con estas obras, empiezan a ver su fin. Además, la montaña cada vez se va metiendo más en el camino, apoderándose de él, tragándoselo poco a poco.

Camino en cerro Combia, Fredonia    Intervencion al camino del cerro en fredonia

La subida y las vistas

Las vistas desde el cerro son espectaculares desde que empieza a subirse hasta llegar a la cumbre. En el último tramo, poco antes de llegar a Cristo Rey, empieza a verse Cerro Bravo, una montaña muy representativa de la región y la preferida para los caminantes, que suelen llegar hasta su punto más alto, para tener la mejor vista que puede obtenerse desde la zona. La cordillera y la sensación de estar en la cuchilla son el espectáculo mayor.

Iglesia principal de Fredonia    Cerro Bravo, Antioquia. Visto desde Combia

Cristo Rey

En el punto más alto de la montaña se encuentra la estatua de Cristo Rey, llevada a este cerro en el año 1927, con motivo del vigésimo quinto aniversario de la paz. Desde sus alrededores puede verse, por un lado, todo el casco urbano de Fredonia, al tiempo que las altas montañas que lo circundan, incluyendo a ella misma. Del otro lado, la cordillera, detrás de una enorme zona verde que inspira y alegra el espíritu; nos hace recordar la maravillosa obra de Dios. Todo es tranquilidad y armonía, disfrutando del paisaje con el más hermoso canto de fondo, el sonido de los pájaros.

Casco urbano Fredonia, Antioquia    Paisaje cordillera central, Colombia

Lo mejor es que todo esto está justo al lado de la zona urbana, por lo que no toma mucho tiempo subir esta montaña cargada de historias y leyendas, que posee una importancia tal, que Fredonia no sería la misma sin el cerro Combia.

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Una visita al parque de animales salvajes

Carnero

Leipzig, la ciudad que no deja de sorprenderme, volvió a hacerlo el fin de semana pasado, cuando nos dispusimos a hacer un paseo en bicicleta hacia el sur, que es donde acostumbra ir la gente en el verano, para disfrutar de “la playa” en torno a un lago. Eran varios kilómetros desde el centro, y como ya se nos había hecho tarde, decidimos continuar adentrándonos en el bosque, para regresar pronto; mientras disfrutábamos de la naturaleza en todo su esplendor.

Desembocadura de un rio canal, en otro    Camino afuera de Wilpark en Leizpig

Casi por sorpresa llegamos al parque de animales de la selva “Wildpark”. Se trata de un zoológico gigante, donde los animales tienen mucho espacio (excepto las aves, como siempre) y están en su entorno natural. Todavía me parece sorprendente que un lugar así pueda estar dentro de una ciudad.

El parque “Wildpark” tiene entrada libre hasta las 19 horas y al parecer existen muchos más, en otras zonas de Alemania. Es posible alimentar a los animales con comida especial “Wildfutter” frutos de la selva, que se compra en una máquina dispensadora.

Dispensador de comida para animales

Los primeros animales que vimos fueron los cerdos salvajes, que todavía tengo la duda si son jabalíes, aunque no se les ve cuernos. Habían muchos pequeños, corriendo detrás del pan que les arrojaban los visitantes. Al frente estaba un alce, libre y con mucho espacio, aunque no se levantó para que pudiéramos verlo bien; durante el día son muy tranquilos, su mayor actividad la tienen en la mañana. Más tarde, vimos a la pareja igualmente echados, al lado de su guarida.

Cerdos salvajes- Wildschweine   Alces en Wildpark en Leipzig

Al entrar al parque empezamos a ver algunos animales pequeños: un mapache, una tortuga de agua, un zorro rojo y algunos más, que era difícil identificar. Estaban muy escondidos.

Mapache en su casita  Lobo rojo en parque de la selva  Steinmarder

Después, nos topamos con los venados, que siempre me han causado mucha ternura y no había podido verlos tan de cerca, son miedosos y se esconden ante cualquier ruido. Solo cuando la comida se les acaba y tienen que salir a buscarla, es posible verlos cerca de los caminos o desde los trenes. Aquí habían grandes grupos y estaban muy tranquilos. Algunas hembras estaban amamantando a sus crías y otro no paraba de mirarme.

Grupo de renos en parque Wildpark en Leipzig    Grupo de venados  en parque Wildpark en Leipzig

Venado rascandose la pata    Venado echado

Como a los venados les gusta tanto el fruto del roble y es lo que más comen, también puede dárseles este, junto con la comida de los dispensadores. Yo había recogido algunos frutos para ellos y haber podido darle comida a uno, fue algo simple y también inolvidable. Era un venado albino.

Dando comida a un venado

Junto con ellos, estaban las cabras, esas no tenían ningún temor de recibir la comida y se terminaron quedando con la mayoría. Sobre todo el carnero que se llevaba a todos por delante, con sus cuernos, para que le tocara todo a él.

Dando comida a una cabra   Dando comida al carnero

Finalmente, visitamos las aves salvajes. Había un búho que me intimidó con sus grandes ojos y un ademán de irse encima de mi, pero me encantó su plumaje, cuando al darse vuelta me permitió observarlo detalladamente. Sus vecinas eran una lechuza blanca y otra café, muy quietas. Todos tenían su comida en el suelo, muy cerca de ellos; ratoncitos y un patito.

Búho en parque Wildpark en Leipzig   Espalda de búho en parque Wildpark en Leipzig   Lechuza blanca en parque Wildpark en Leipzig

Este es un plan muy recomendable cuando se tienen niños o se viaja con ellos, sin duda les va a encantar. Todo lo hicimos en una tarde y sin salir de la ciudad, por eso, estando en Leipzig, no hay excusa para no hacer una visita al parque de animales salvajes.

 

Otras actividades para hacer con niños en Alemania:

Una ciudad hermanos Grimm

Canotaje en el río Fulda

En el centenario de un lago

 

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Al mar, tan… indescriptible

Atardecer en el mar

A este mar inmenso que me encanta, aquel que ya se ha llevado más de dos de mis escritos, ¿por qué le sigo escribiendo?. Magnífico, profundo; sosegado y turbulento a la vez. Azul, tan azul, que con este atardecer se confunde, en el horizonte, con el cielo.

No se trata solo de ir en un barco*, es estar sumergido dentro de él, es verlo, mirarlo y volverlo a contemplar. Y allí está siempre, tan sereno, tan tranquilo, tan lineal, tan misterioso e indescifrable; con un sonido que es como un sueño**, como un susurro; tan lejano, tan cercano; tan propio y tan extraño.

Así es el mar, tan amplio para todos y tan particular como para uno. No importa cuánto se avance sobre él, sigue igual, tan callado o tan risueño como él lo quiera; acompañado, normalmente, por el viento, otro sueño**, y pasean de la mano, mientras son observados por unos y otros; desde allá, desde acá, y desde cualquier puerto en el mundo. ¿Sin intimidad? la tendrán en algún lugar oculto, que solo ellos conocen, donde también suelen encontrarse con los nuestros; tus sueños, mis sueños.

* En mi viaje de Barcelona a Génova.                                                                                                               
** a propósito de la lectura de “Sueños” de Antonio García Teijeiro.

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El parque de Jean Nouvel

Vista exterior del parque del centro del Poblenou, de Jean Nouvel

El Parc del centre del Poblenou es un gran parque diseñado por el arquitecto Jean Nouvel, dentro de una zona de 5.5 hectáreas, distribuidas en cinco manzanas; está ubicado en la avenida diagonal, entre la torre Agbar y el edificio del fòrum; al interior, se conservan una gran cantidad de diversas especies vegetales. Fue inaugurado en el año 2008, se puede visitar libremente y la mayor parte de sus recorridos son accesibles.

Con esto de adentrarnos en Barcelona, me puse en la tarea de ir a esos lugares, que en estos casi dos años, no había visitado, aun teniendo muchas ganas de hacerlo; o que en todo caso, solo había observado desde afuera; como este parque, que me había causado interés y curiosidad, gracias a sus paredes cubiertas de vegetación y sus espectaculares accesos.

Muro exterior del parque del centro de Poblenou, de Jean Nouvel

Acceso del parque del centro de Poblenou, de Jean Nouvel

 

Materiales

Aquí, los materiales tienen un papel fundamental en la composición del parque. Los muros, de hormigón vaciado, están cubiertos con especies vegetales, dándole un lenguaje más fresco y acorde a la función del espacio; la idea es que se prolongue y el interior pueda tener un techo natural. El mobiliario es de metal, contrastando con lo natural y lo usual. La zona de juegos infantiles está construida en caucho, con colores llamativos, que a su vez indican los límites y recorridos; ofreciendo seguridad y confort a los niños. Algunos senderos están construidos en hormigón de color, haciendo un perfecto juego con las plantas cercanas y sus flores. Además, por diferentes espacios se puede leer la historia del lugar, a partir de planteamientos y/o edificios históricos, que se conservan en su estado original.

Vía que divide el parc del centre del PoblenouZona de juegos infantiles en el parque del centro de PoblenouPisos (suelos) con hormigón de color, en el parque del centro del Poblenou, de Jean Nouvel

 

Mobiliario urbano

Al entrar, llaman la atención muchas cosas, entre ellas, su mobiliario, que no es de los convencionales que estamos acostumbrados a ver y le hacen un gran aporte a la estética del parque. Algunas bancas o sillas, están ubicadas de la manera como se utilizan y no solo en línea recta, por lo que invitan a compartir en grupo, sin tener que estar todos sentados en fila; el parqueadero de bicicletas lo componen unas placas con el mismo lenguaje de los demás elementos.

Lámpara del parque del centro del Poblenou, de Jean NouvelBancas-sillas del parque del centro del Poblenou, de Jean NouvelParqueadero de bicicletas del parque del centro del Poblenou, de Jean Nouvel

 

Espacios

El parque está dividido en espacios, al recorrerlo, se puede ir pasando de uno a otro, al tiempo que se encuentran zonas de estancia y de juegos, como tenis de mesa. Se diseñaron de acuerdo a la evocación del lugar y cada uno tiene su razón de ser, dentro del gran conjunto. Por eso, les enseñaré algunos, brevemente.

 

Rampa de rocas (rampa de roques)

Esta rampa tiene la función de cubrir el área donde funciona la sede de recogida neumática de residuos, para que no sea vista desde el interior del parque.

Rampa de rocas en el parque del centro de Poblenou, de Jean Nouvel

 

Las vueltas (Les voltes)

Este espacio está formado por una secuencia de cuatro vueltas, que van disminuyendo su altura, sucesivamente, desde 8 hasta 5 metros; para integrarse al lugar, al lado de la rampa de rocas, y atenuar la visibilidad de la recogida neumática de residuos.

Una de las vueltas en el parque del centro de PoblenouLas vueltas, en el parque del centro de Poblenou

 

Las cabañas bajo la lluvia (Les cabanyes sota la pluja)

Son estructuras en forma de cabañas, construidas con metal y mimbre, recubiertas con plantas trepadoras y flores, que llegarán a cubrirlas completamente, formando elementos de volumetría que recordarán las antiguas cabañas en el espacio libre.

Cabaña, en el parque del centro de Poblenou

 

La chimenea (La Xemeneia)

Es una huella del pasado industrial del Poblenou, se ha conservado en su estado original, de modo que entre a ser parte del arbolado, que una vez unidas sus ramas, crearán un techo vegetal.

Chimenea en el parque del centro del Pobluenou

 

El trazado de Pere IV (Traça de Pere IV)

El eje cívico de Pere IV ha sido integrado al parque, dándole continuidad a su traza histórica; configura dos de las grandes entradas al parque, que con puertas de hierro y vidrio, permiten la prolongación visual de esta antigua vía, a lado y lado del parque.

El eje de Pere IV, en el interior del parque del centro del Poblenou

 

Los nidos y pozos del cielo (Els nius i pous del cel)

Son espacios pensados para invitar al reposo, los pozos del cielo son elementos verticales que quedarán cubiertos de vegetación de flores y lianas, que invadirán la cubierta vegetal, para crear en el espacio entradas y pozos de luz.

Pozo del cielo en el parque del centro del Poblenou

 

Gracias a las explicaciones en cada uno de los espacios, es posible hacerse una idea de la magnitud (en altura) que tendrá el parque, cuando las especies crezcan y consigan materializar todas las ideas del arquitecto; cuando, finalmente, todo este lugar este cubierto por un gran techo natural, albergando todos estos significados en su interior. Yo, por lo menos, espero poder pasarme por aquí en unos 10 años, para ver el avance, o tal vez en 30, para poder ver definitivamente terminado el parque de Jean Nouvel.

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¿De quién es el nido?

Nido 2

Quienes me están siguiendo en la página de facebook ya saben donde estuve el fin de semana y esa tal vez sea una buena pista para encontrar la respuesta, porque en ese país abundan estos animales.

El tamaño del nido es impresionante, por ser gigante, nada parecido a lo que estamos acostumbrados a ver; y esto ya nos da una idea del tipo de animal que lo habita. Ya había visto el fin de semana anterior, mientras hacía canotaje en el río fulda, que en algunos lugares, cerca de los ríos, les construyen torres o elementos muy altos, en los cuales pueden sentirse seguros para elaborar su nido;  y cerca del agua que es donde más les gusta vivir, también porque allí encuentran su alimento favorito. Sin embargo estas torres estaban aun vacías ya que llegan a Alemania más tarde y en menor proporción.

No tuve la oportunidad de ver a uno de sus creadores de cerca, pero pude fotografiarlo a lo lejos, así que aquí va una pista más.

Storch

Si ya tienes la respuesta, puedes animarte a dejar tu comentario, y si todavía no estás seguro de quien se trata, no te pierdas el próximo post; donde les contaré sobre este viaje y podrán saber de quién es el nido.

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Anas platyrhynchos

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Aparecieron ante mí causando una sorpresa enorme, porque no solo se levantaron un poco del agua, si no que llegaron a pasar por encima de los edificios cercanos. ¿Acaso son patos? pensé un momento. No, no puede ser, los patos no vuelan, eso lo sabe todo el mundo; si se lo enseñan a uno cuando está pequeño, ellos no pueden volar, solo brincan un poco… Pero tienen forma de pato, y color también… ¡Entonces los patos vuelan!

Aparece aquí como una verdad revelada y seguro ya muchos lo sabrían, pero para mí sí que lo es, nunca pensé ver uno volando por ahí tan tranquilo, ni siquiera después de dispararles en el atari; tal vez porque en Colombia, aquellos amarillos que cuando crecen se vuelven blancos, no lo hacen; igual no volví a preguntarme por el tema nunca más.

Ahora, he tenido que buscar; los de aquí son una especie diferente, saben volar y lo hacen muy bien; su nombre científico es Anas platyrhynchos, según mi guía de naturaleza, y hasta ahora solo he visto volar a los machos, que son los que tiene la cabeza verde, con el cuerpo entre blanco y negro; quizás las hembras, que son de color café, con rayas oscuras, no lo hagan.

P1150487

La diferencia con los que conocía en mi país es que estos no son domésticos; los Anas platyrhynchos domesticus tienen las mismas características que mencioné antes, viven en corrales o estanques y no pueden volar.

Y como cada día se aprende algo nuevo, desde hoy puedo decir que los Anas platyrhynchos son patos y además, patos que vuelan. ¡Una cosa más que me sorprende al llegar de Latinoamérica a Europa!

¿Tú ya sabías que los patos vuelan?

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