Rotenburg

Rotenburg, la ciudad de las esculturas

¿Alguna vez has estado en un lugar donde se encuentran esculturas urbanas por todos lados? yo no había visto algo igual, antes de llegar a esta ciudad para pasar el fin de semana haciendo canotaje en el río Fulda, y tal vez llamaron mi atención, por la particularidad que presentaban. No se trataban de un homenaje o conmemoración a un personaje histórico, como comúnmente suelen ser; o alusivas a un tema o proyecto, como en Marburgo; si no que hacían parte de la vida cotidiana, hasta llegar a sumergirse en el acontecer diario de sus habitantes; algo que sin duda le da un aire divertido y casual a la ciudad.

Directamente al salir de la estación de trenes se encuentra un chico, con una bolsa en la mano, acompañado de un cerdo; que hace pensar en un cuento, pero cuyo nombre ratifica que solo se trata de una inspiración de su creador. Avanzando un poco más en dirección hacia el centro, en la entrada de una farmacia, un dedo; que no insinúa cosas buenas…

Escultura chico

Escultura dedo

Al dar la vuelta, se encuentra a varios niños, alrededor de una fuente, haciendo diferentes cosas; el mejor, el que está acostado leyendo, tiene la cabeza apoyada en los otros libros, con esa actitud desprevenida, pero atenta, ¡él sí que sabe lo que es bueno!.

Diagonal a ellos, un curioso señor, del que no se distingue si está vigilando o escondiéndose de alguien; en todo caso, se asegura de no ser visto, desde la esquina, con el ratón y el gato siguiéndolo; en una posición y lugar muy particulares, que hacen que sea imposible evitar mirarlo.

Más adelante, justo al inicio del puente para cruzar el río Fulda; están dos chicos descalzos que parecen descansar, muy tranquilos, con los zapatos a un lado, después de haber estado jugando a la pelota, o algo más; pero atentos a todo aquel que pasa por su lado, como si de los guardianes del mismo se tratara. A mi me encanta la actitud simpática del pequeño, que expresa tantas cosas con su cuerpo.

Esculturas con niños

Escultura vigilante

Escultura los dos chicos

Después de cruzar el puente, se llega casi directamente a la plaza central o de mercado, Marktplatz; donde está también la iglesia principal y, por lo tanto, no podía faltar la señora que se dispone a entrar a ella, con su libro de oraciones en la mano y a su lado, el perro, que tendrá que esperarla afuera un buen tiempo.

Y cuando ya se ha terminado de hacer las compras en la plaza, se crea la típica reunión de amigas o comadres, cargadas de cosas; aunque esta vez no muy contentas, parecían discutir, y una de ellas sin escuchar bien. Ante esa actitud, tuve que acercarme para ver de qué se trataba, porque hasta el perro estaba husmeando en la cesta y ellas sin enterarse. Pero primero aproveché para posar en la foto con la que observaba de lejos, que me hacía recordar mis manos, que suelen llegar muchas veces a esa posición (y podría decir que a la de la otra también).

Escultura novicia

Escultura señora del mercadoEscultura señoras del mercado

También me encontré al lado del muro antiguo de la ciudad, un chico tratando de dominar a su cabra, que parecía querer comer un poco de hierba; aunque ya no sé si la misma hace parte de la obra, pero si ha salido solita, está muy apropiada; mucho mejor que la matera con flores que le han puesto a él en su balde.

Escultura chico con cabra

Me crucé con algunas más, incluso en las afueras y en los bosques, que reconfirmaron mi idea inicial de que Rotenburg an der Fulda es la ciudad de las esculturas.

¿Te gustan las esculturas de esta ciudad?

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Canotaje en el río Fulda

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Me encontraba por segunda vez en un fin de semana reservado para remar, y sería la primera en que me subiría a un kayak. Aunque los demás escogieron botes, como siempre, yo quería probar esta opción y me gustó. Es mucho más liviano, se puede avanzar más rápido, cansa un poco más y se tiene que estar preparado para ir mojado casi todo el tiempo; afortunadamente hubo mucho sol, con lo cual esto último fue más fácil. Al final, no supe decir que prefería entre los dos, cada uno tiene sus cosas buenas; pero ahora estoy segura de que no elegí mal.

Fuimos en carro hasta el lugar de partida, un pueblito llamado Mecklar, del que solo vimos la estación de bomberos; de allí fuimos a través del río, hasta llegar al camping donde estábamos amaneciendo. No es posible saber, con total certeza, cuántos kilómetros recorrimos, pero se trató, en general, de un trayecto corto; serían aproximadamente unos 13.

Durante el recorrido, pudimos observar algunos pueblos y paisajes muy bonitos; y sobre todo, disfrutar de los sonidos de los pájaros y el agua, en la tranquilidad del lugar, silencioso y natural.

Paisaje desde el río

Paisaje desde el río

Nos encontramos con otros que también se estaban divirtiendo, disfrutando de la naturaleza y el clima; aunque después de un poco tiempo, alzaron el vuelo. Parece que no les gusta tanta compañía.

Cisnes en el río Fulda

El viaje estuvo divertido, intercambiando los lugares; algunas veces detrás de los demás, otras adelante y otras juntos; con cortas pausas para intercambiar comidas, bebidas y algunas palabras.

Remando

Chicas remando

Después de un largo rato navegando, vimos un puerto, que indicaba ser el momento ideal para una pausa. Hay muchos ríos que son adecuados para esta actividad, y poseen algunos de estos, en puntos estratégicos, por ejemplo cerca a los camping, como en este caso; o a restaurantes y lugares similares.

Puerto en río Fulda

Inmediatamente arribamos, tuvimos en frente un toldo con bancas, muy apropiado para la hora del almuerzo; aunque finalmente preferimos estar en la hierba, para descansar y tomar el sol, antes de reiniciar el recorrido; yo aproveché también para secar mi ropa.

Descansando para continuar remando

Más tarde continuamos, y no pasaría mucho tiempo para que estos cuatro botes y un kayak, llegaran a su destino; después de haber hecho, por primera vez, canotaje en el río Fulda.

En kayak por el río fulda

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