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El viaje por el caribe colombiano

Con los pedacitos del caribe que recogí de mi cuaderno, en aquel viaje inolvidable; y después del video sobre mi ciudad, creo que es inevitable seguir hablando de mi país y recordando algunos momentos.

Lo que sigue siendo más importante para mí son las personas, es lo que puede cambiar un lugar de otro; y volvería a hacer este viaje, por aquellas con las que compartí y por las que pude conocer; por volver a verlos, aunque sé que algunos ya no van a estar. Cuando vuelva a alguna ciudad, será otra y aquellas noches no se repetirán. Lástima que en esa época no solía tomar muchas fotos, y solo con mi teléfono… pero ya les mostraré lo que pueda.

El viaje comenzó en Fonseca, La Guajira; me habían pedido que apoyara un evento de jóvenes, llamado Vivencia, que se realiza cada año, un fin de semana y convoca a más de 450 personas. Fue una jornada intensa, pero muy buena y pude conocer a muchas personas, lo que lo hizo mucho más especial.

Como hacía tiempo no estaba por aquella zona del país, pensé en aprovechar para visitar y encontrarme con algunos amigos. Por esto, salí el domingo en dirección a Santa Marta, para encontrarme con el primero, que quería también un poco de vacaciones, entonces me propuso irnos unos días a Taganga; como yo no la conocía, acepté encantada. Fue una ocasión muy buena para hacer algunas cosas que me gustan: escribir, dibujar y compartir. Los días se pasaron entre descansar, ver el mar, reflexionar, conversar, conocer gente, comer rico y algunas cosas más.

Taganga

Taganga es un corregimiento de Santa Marta que se caracterizó por ser un lugar de pescadores, que se fue convirtiendo poco a poco en turístico, y aunque aun mantiene actividad pesquera, la actividad económica se comparte en gran medida con el turismo. Es ideal para visitar las playas e islotes cercanos, en lancha; para bucear, con gran cantidad de escuelas de enseñanza y tiendas de artículos relacionados; y para iniciar el recorrido hacia el parque nacional natural Tayrona. Presenta una riqueza multicultural muy grande, con personas de todas partes del mundo, que han encontrado allí, un lugar para vivir.

El viaje continuó hacia Barranquilla, donde visité por dos días a unos queridos amigos y pude compartir también con sus hijitos; me encantan los niños y todo lo que puede aprenderse de ellos. Visitamos un poco la ciudad y nos desatrasamos del tiempo que habían estado por allá, después de salir de Medellín. Pude encontrarme también con otro de mis amigos, que curiosamente resultó ser vecino de ellos; a pesar del corto tiempo, no fue difícil sacar el espacio, ya que solo nos separaban unos 30 metros; fue también como una despedida, porque en pocos meses saldría del país.

Después llegué a Cartagena, donde debía una visita hacía algún tiempo; llegué a la casa de un amigo; así que en el día salía a caminar y a deleitarme con la ciudad, y en la tarde teníamos tiempo para compartir, después de su trabajo.

Muralla de Cartagena

Casco histórico Cartagena

También me fui encontrando con otros, que tampoco veía hacía mucho y aunque finalmente no tuvimos suficiente tiempo, estuvo muy bien. Visitamos algunas iglesias y museos.

Iglesia en Cartagena

Visita a Museo Cartagena

Y no podía faltar la ida Donde Fidel a bailar salsa, un lugar encantador e imperdible cuando se está dentro de la ciudad amurallada, tiene mesas afuera para los que prefieren estar al aire libre; es pequeñito, muy barato y con fotos de todos los famosos que han visitado el lugar, al lado de su propietario; por eso yo tampoco podía perderme la foto, aunque fuera solo para mí. Después fuimos a Havana, que tenía orquesta en vivo y cover en la entrada; también estuvo muy bien, en un ambiente diferente al anterior.

Donde Fidel, Cartagena 

El sábado en la noche, antes de encontrarme con una amiga de Medellín, que estaba asistiendo a un congreso; me fui a un centro comercial para comer. Estaba caminando desprevenida, conociendo el edificio, que estaba bastante nuevo; e increíblemente me encontré con otra, también de visita, con su novio, por lo que no tuve que comer sola y tuvimos tiempo para hablar un rato; de esas cosas que creo, solo me pasan a mí. Nos fuimos juntos al centro, donde había quedado de encontrarme y en el sitio ya estaba mi amiga con todos sus compañeros. Así quedó otra noche de salsa, en Quiebracanto, del que ya había oído mucho, con muy buena música y compañía; para finalizar el largo y disfrutado viaje.

Y aunque aquí todos aparecen como anónimos, este es un infinito gracias a todos ellos, que donde quiera que estén, saben que hicieron parte de este maravilloso viaje y aun en la distancia, siguen haciendo parte de mi vida.

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Pedacitos del caribe

Buscando una pequeña información en uno de mis cuadernos personales, que me acompañan desde hace varios años, me encontré esto, entre párrafo y párrafo; escrito en Taganga, durante un viaje por el caribe colombiano, reconfirma mi amor por la escritura, mi aproximación a la vida y el gran deseo de no olvidar.

Taganga, Colombia

…Escribo estas palabras, como si al hacerlo quedara paralizado el tiempo, en este lugar del caribe, en el preciso instante en que de repente regrese y todo sea como lo ha sido. Por si falla la memoria, y cuando sea necesario un fragmento que reviva los tiempos o despierte una sencilla historia que contar a mis nietos.

…Amo escribir, lástima que con el tiempo, el hábito se vaya perdiendo; no se está siempre lleno de inspiración, como tampoco dispuesto a tomar un papel para ir dejando marcados los pensamientos. La experiencia de sentir que escupes las palabras es maravilloso, en este momento mi corazón está ensanchado, mi cabeza amplia y cuestionada, y mi vida con la única seguridad del presente y de la realidad por vivir al salir de aquí. Y como decía tan elocuentemente un mural de mi universidad: ¡A los que ya no están… prohibido, prohibido olvidar!

… Es la sensación de que cada día se ve la vida más clara, más cercana, más propia; es la impresión de haber vivido fuera de ella por varios años y poco a poco, y en cada lugar, se va recogiendo algo nuevo, pero novedoso en verdad; no aquello de conocer el mundo y descubrir cada vez más cosas; si no, de vivir mientras se encuentra el propio ser, ubicado espacialmente en un punto cada vez, en torno al ritmo de su acontecer. No sabes lo que encuentras, si no lo que se te ha dejado ver.

Atardecer en Taganga

Los paisajes dibujados, los cielos pincelados, la luna más hermosa, el sonido del mar y de las olas, los barcos parados, las montañas, las luces, la gente, el brillo; el cuadro más hermoso, con manchas y colores perfectos, dignos de ser captados, pero mejor aun, en la mente. He visto atardeceres, pero estos son un sueño, una ilusión, una pintura increíble, que aunque no se queda estática, permanece.

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