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Y a bailar salsa se dijo

Estando en Cali, la capital mundial de la salsa, es casi imposible no salir una noche a un buen lugar para disfrutar de este ritmo musical que aparte de tener tanto sabor, es tan conocido y gusta tanto a nivel mundial. Para mi, que me encanta bailar salsa, todavía más. Aun no me he atrevido a ir a otro lado, porque ya desde hace algunos años tengo mi lugar preferido para ir a bailar toda la noche, con conocidos y extraños, en un ambiente sin igual donde todo gira en torno a la salsa, el son y la música antillana. Aunque tiene sus grandes diferencias, es lo más parecido que he podido encontrar al tibiri tabara, el lugar que más suelo frecuentar en Medellín y que tiene todo su encanto.

Tin tin deo

Ese lugar favorito para bailar es Tin tin Deo, un salón típico, cultural y turístico de la música salsa, que está abierto al público desde 1987, manteniendo la cultura de la rumba. Se encuentra ubicado en la quinta, cerca del parque panamericano y el estadio. Allí también presentan videos propios y algunos otros interesantes. La fiesta es hasta las tres de la mañana.

La entrada a Tin tin Deo cuesta $15.000 para hombres y $10.000 para mujeres, donde casi todo el valor es consumible. Lo malo es que lo encontré algo caro; la mejor opción es tomar cerveza a $6.000.

Llegamos casi a la media noche y el lugar ya se encontraba con lleno total, por lo tanto, no había tiempo que perder, en cuanto nos ubicaron, empezamos a bailar y así lo hicimos hasta que encendieron las luces y nos pidieron retirarnos del lugar. Por ahí, una que otra foto para poder mostrarles algo, pero no esperen mucho, el plan era ir a bailar y disfrutar del ambiente caleño Sonrisa.

Entrada a tin tin deo    Angela bailando en tin tin deo    P1070012

P1070011    Tin tin deo, Cali

Así, que ya lo saben, si van a Cali, no pueden olvidar pasar por Tin tin deo… y a bailar salsa se dijo.

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El viaje por el caribe colombiano

Con los pedacitos del caribe que recogí de mi cuaderno, en aquel viaje inolvidable; y después del video sobre mi ciudad, creo que es inevitable seguir hablando de mi país y recordando algunos momentos.

Lo que sigue siendo más importante para mí son las personas, es lo que puede cambiar un lugar de otro; y volvería a hacer este viaje, por aquellas con las que compartí y por las que pude conocer; por volver a verlos, aunque sé que algunos ya no van a estar. Cuando vuelva a alguna ciudad, será otra y aquellas noches no se repetirán. Lástima que en esa época no solía tomar muchas fotos, y solo con mi teléfono… pero ya les mostraré lo que pueda.

El viaje comenzó en Fonseca, La Guajira; me habían pedido que apoyara un evento de jóvenes, llamado Vivencia, que se realiza cada año, un fin de semana y convoca a más de 450 personas. Fue una jornada intensa, pero muy buena y pude conocer a muchas personas, lo que lo hizo mucho más especial.

Como hacía tiempo no estaba por aquella zona del país, pensé en aprovechar para visitar y encontrarme con algunos amigos. Por esto, salí el domingo en dirección a Santa Marta, para encontrarme con el primero, que quería también un poco de vacaciones, entonces me propuso irnos unos días a Taganga; como yo no la conocía, acepté encantada. Fue una ocasión muy buena para hacer algunas cosas que me gustan: escribir, dibujar y compartir. Los días se pasaron entre descansar, ver el mar, reflexionar, conversar, conocer gente, comer rico y algunas cosas más.

Taganga

Taganga es un corregimiento de Santa Marta que se caracterizó por ser un lugar de pescadores, que se fue convirtiendo poco a poco en turístico, y aunque aun mantiene actividad pesquera, la actividad económica se comparte en gran medida con el turismo. Es ideal para visitar las playas e islotes cercanos, en lancha; para bucear, con gran cantidad de escuelas de enseñanza y tiendas de artículos relacionados; y para iniciar el recorrido hacia el parque nacional natural Tayrona. Presenta una riqueza multicultural muy grande, con personas de todas partes del mundo, que han encontrado allí, un lugar para vivir.

El viaje continuó hacia Barranquilla, donde visité por dos días a unos queridos amigos y pude compartir también con sus hijitos; me encantan los niños y todo lo que puede aprenderse de ellos. Visitamos un poco la ciudad y nos desatrasamos del tiempo que habían estado por allá, después de salir de Medellín. Pude encontrarme también con otro de mis amigos, que curiosamente resultó ser vecino de ellos; a pesar del corto tiempo, no fue difícil sacar el espacio, ya que solo nos separaban unos 30 metros; fue también como una despedida, porque en pocos meses saldría del país.

Después llegué a Cartagena, donde debía una visita hacía algún tiempo; llegué a la casa de un amigo; así que en el día salía a caminar y a deleitarme con la ciudad, y en la tarde teníamos tiempo para compartir, después de su trabajo.

Muralla de Cartagena

Casco histórico Cartagena

También me fui encontrando con otros, que tampoco veía hacía mucho y aunque finalmente no tuvimos suficiente tiempo, estuvo muy bien. Visitamos algunas iglesias y museos.

Iglesia en Cartagena

Visita a Museo Cartagena

Y no podía faltar la ida Donde Fidel a bailar salsa, un lugar encantador e imperdible cuando se está dentro de la ciudad amurallada, tiene mesas afuera para los que prefieren estar al aire libre; es pequeñito, muy barato y con fotos de todos los famosos que han visitado el lugar, al lado de su propietario; por eso yo tampoco podía perderme la foto, aunque fuera solo para mí. Después fuimos a Havana, que tenía orquesta en vivo y cover en la entrada; también estuvo muy bien, en un ambiente diferente al anterior.

Donde Fidel, Cartagena 

El sábado en la noche, antes de encontrarme con una amiga de Medellín, que estaba asistiendo a un congreso; me fui a un centro comercial para comer. Estaba caminando desprevenida, conociendo el edificio, que estaba bastante nuevo; e increíblemente me encontré con otra, también de visita, con su novio, por lo que no tuve que comer sola y tuvimos tiempo para hablar un rato; de esas cosas que creo, solo me pasan a mí. Nos fuimos juntos al centro, donde había quedado de encontrarme y en el sitio ya estaba mi amiga con todos sus compañeros. Así quedó otra noche de salsa, en Quiebracanto, del que ya había oído mucho, con muy buena música y compañía; para finalizar el largo y disfrutado viaje.

Y aunque aquí todos aparecen como anónimos, este es un infinito gracias a todos ellos, que donde quiera que estén, saben que hicieron parte de este maravilloso viaje y aun en la distancia, siguen haciendo parte de mi vida.

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