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Ingresar a Alemania sin visa

Conocer AlemaniaComo desde diciembre de 2015 los colombianos no necesitamos visa para entrar en el espacio Schengen, están surgiendo algunas dudas sobre lo que debe tenerse en cuenta para entrar sin problema, ya que el haber abolido la visa no da un derecho a ingresar automáticamente, sino que es decisión de cada país el admitir o no a las personas que llegan.

Normalmente, en migración hacen preguntas sobre la idea del viaje, qué se quiere hacer y ahora también, con qué dinero va a realizarlo. Además, piden documentos que lo demuestren, por eso, es importante conocer con exactitud lo que solicita cada país, al querer entrar a él. La estancia debe ser en total de máximo 90 días, contados no por entrada, si no por semestre.

¿Cuánto dinero necesito?

Dentro de los requisitos generales, se debe contar con una suma aproximada de entre 40 y 100 euros diarios (45 para Alemania, 63,33 para España…). Y esto debe demostrarse, por ejemplo con tarjetas de crédito y euros en efectivo.

En Alemania, o sea entrando por Frankfurt, aceptan también como comprobantes los extractos bancarios de (al menos) los últimos tres meses, carta laboral, comprobantes de pago del salario y un Verpflichtungserklärung, que explico a continuación.

¿Hotel o casa de amigos?

En el caso de querer visitar a amigos o familia residentes en Europa, la cancillería colombiana recomienda tener una carta de invitación oficial, en físico, original y autenticada por la autoridad administrativa del país de entrada (comisaría, alcaldía, según el caso) ya que en muchos casos, los funcionarios no tienen en cuenta E-mails, ni hojas explicativas (con seguridad en España y Francia).

En Alemania esto correspondería a un Verpflichtungserklärung, que es un documento que elaboran en la alcaldía, por un costo de 25 euros y con esto el residente en Alemania se hace responsable de la manutención del viajero durante su estadía. Sin embargo, un Einladungsschreiben es suficiente. O sea una carta de invitación informal, que contenga la dirección, la relación entre las personas y la firma. No tiene que ser ni original, ni apostillada; puede ser escaneada.

Si se va a dormir en hostales u hoteles, se deben presentar las reservas de cada día. Mejor si van acompañadas de un plan de viaje completo. Con esta opción, los recursos económicos deberían ser mayores.

¿Qué otros documentos?

– Tener el tiquete de regreso, comprado e impreso.

Pasaporte nuevo, con una vigencia no menor a tres meses después de la fecha prevista de salida. Debe ser el nuevo, de lectura mecánica o electrónico. Desde finales de noviembre del año pasado no se puede viajar con el pasaporte viejo.

Seguro médico con mínimo 30.000 euros de cobertura, por accidente o emergencia. No es obligatorio, pero sí recomendado. Lo mejor es aprovechar el que tiene la tarjeta de crédito, aunque normalmente solo es por 60 días, así que hay que pensar en el resto, si va a quedarse más tiempo. Se debe comprar el tiquete con ella, para poder estar cubierto.

Preguntas comunes

¿Me puedo quedar más de noventa días o trabajar aprovechando la entrada como turista?

No. Si se queda más del tiempo permitido en un estados Schengen o trabaja después de haber entrado como turista, estará como ilegal. Podrían expulsarlo y en el futuro, negarle la entrada a Europa.

¿Puedo ingresar como turista y estando en Alemania, solicitar un permiso de residencia para trabajo, estudio o reunificación familiar ?

No. La posibilidad de entrar sin visa es solo para hacer turismo, participar en actividades culturales o deportivas o hacer estudios de corto plazo. Si la idea es llegar a vivir a Alemania o a otro país Europeo, se debe gestionar una visa nacional en su país actual de residencia. Una vez estando en Europa sin visa, tendría que regresar a su país a gestionarla. Si este es el caso, puede revisar aquí el paso a paso.

¡Y ahora, a planearlo todo! porque si se hacen bien las cosas y se prepara bien el viaje no tiene porque tenerse ningún problema al ingresar a Alemania sin visa.

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A través del Rio Claro

El rio claro. Antioquia

Para mí, Rio Claro nunca fue un lugar ajeno. Todo lo contrario. Casi era una de mis casas. Allí viví hermosos momentos de mi niñez, porque fueron muchas las vacaciones que pasé allí, compartiendo con otras personas y con mis compañeras de colegio, que alguna vez se fueron conmigo para allá. Siempre lo viví de una manera muy local y por supuesto de acuerdo a los planes de mi papá.

Es un lugar con mucha naturaleza y encanto. Está ubicado en Colombia, en el oriente antioqueño, entre los municipios de Medellín y Puerto Triunfo. Y como muchos de los lugares de los que les hablo, este también ha tenido su historia. Y es quizás, una que no está escrita, pero que fui viviendo paso a paso y ahora les comparto; como quien fuera uno más de sus habitantes.

La historia de rio claro

La época del auge

Una de las mejores épocas se vivió a finales de los 80´s. Lo único que se veía en aquel pequeño poblado eran buses turísticos y carpas, siempre rodeados de mucha gente que buscaban su río para disfrutar de las vacaciones; ya fuera acampando a sus orillas u hospedándose en Villa Sofía (actual hotel Rio Claro) con acceso directo al mismo. Era un lugar muy turístico, que vivía de esta actividad económica.

Entrada al hotel Rio claro

Apartado por la violencia

A mediados de los 90´s vino la época de violencia en el país. Llegaron los problemas de orden público en la zona y la presencia de grupos al margen de la ley alrededor de la autopista Medellín – Bogotá. Con esto, Rio claro se fue poco a poco convirtiendo en un lugar desértico, en el cual ya no abundaban las multitudes. Se fue quedando solo… Esto ocasionó deterioro en las escasas construcciones con que contaba y quienes llevaron la peor parte fueron los que en aquel entonces se ganaban su vida con el turismo, o sea todos; exceptuando solo a los afortunados que trabajaban en la fábrica de cementos Rio Claro (actualmente Argos).

Huellas de la epoca de violencia, al lado del puente sobre el rio claro

Recuperando la calma

Años más tarde, cuando la situación de orden público empezó a normalizarse, Rio claro se fue reactivando poco a poco. Aunque nunca volvió a tener ese mismo auge inicial. Ni siquiera con nuevas construcciones (una de ellas desocupada hasta la actualidad). El interés por el lugar estaba casi extinguido. Ya casi nadie lo visitaba. Ahora contaba con demasiada calma.

Nueva construccion, desocupada, en el  poblado Rio claro

Rio claro, el refugio

La cuarta etapa y tal vez la definitiva, es la actual. Aquel poblado, se observa ahora dividido: los de un lado del puente y los del otro. El lado privilegiado solo gira en torno a la reserva natural del cañón del Rio Claro, al refugio. Un lugar privado en el que es necesario pagar para poder entrar, que puso un enorme control al lado de la autopista y volvió de uso exclusivo una vía que siempre estuvo abierta y por la cual se podía transitar libremente. Los del otro lado parecen estar excluidos. Concentrados en un par de casas, un mercado y un montallantas, que vienen a tener visitantes de vez en cuando.

Restaurante de la reserva natural rio claro    Entrada a la reserva natural del rio claro

El otro lado del puente sobre el rio claro    Montallanta en Rio claro, Antioquia

Y no tengo nada en contra del refugio, pienso que hacen un buen trabajo por la naturaleza y eso se los contaré después. Lo que me pasa es que tengo la sensación de que me privatizaron el rio y nos dejaron sin un acceso libre a él. Con tristeza pude ver cómo aquella extensa zona verde en la cual estuvieron ubicadas las carpas, está llena de maleza y es ahora intransitable. Solo queda un estrecho caminito, por el cual, pasan a bañarse, aquellos que se resisten a dejar en el olvido ese espacio que nos dio tantas cosas cuando estábamos niños, a través del Rio Claro.

Antigua zona de camping junto al rio claro    Gente nadando en el rio claro

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La otra cara de Milán

Galería

Milán, fue una ciudad que me sorprendió por ser tan diferente a lo que yo tenía en mente, dentro de esas vagas ideas que uno se forma de las ciudades, a partir de historias o noticias que se escuchan. En este caso muy directamente ligadas a la moda, que habían hecho que la pensara como una ciudad moderna, en la que la historia no cabía. Tendencia que podría venir fácilmente por la poca que tiene mi ciudad, cuando de edificios y patrimonio se trata.

Para mí, es difícil decir ahora si me gusta o no; de lo que estoy segura es de que no me gustaría vivir allí; todas las ciudades tienen su encanto y podría decir que tal vez, el de Milán, es esa mezcla entre nuevo, antiguo, moda y patrimonio. Las vitrinas o escaparates resaltan con sus colores, entre la monocromía de fachadas cargadas de historia; eso, al caminar por el centro, la galería o su gran avenida, rumbo al castillo, porque de Montenapoleone, la zona de la moda, no puedo hablarles, por allá no me metí; y aunque dicho contraste nunca me ha gustado (prefiero poder observar los edificios libres de aditamentos), allí podría estar la magia que atrapa a tantos turistas, que sueñan con adquirir al menos una prenda, para poder decir: esto lo compré en Milán. Y aseguro que de esos quedan, porque ya me encontré a varios tomándose fotos, nada más que frente a la catedral, con una bolsa en cada mano…

Calle  Dante en Milán

Yo voy a otro lado, a ese de descubrir lo profundo de su historia, de encontrar pequeños y grandiosos edificios, que sumados a grandes detalles, componen su verdadera riqueza; creo que eso es lo que viven sus habitantes, aunque como siempre, habrá de todo. La forma como se aproximen las personas a las ciudades, estará siempre muy ligada a la imagen que han querido dar de ella; en este caso, la arquitectura pasó a un segundo plano.

Detalle de edificio en la calle Dante, en Milán    Edificio Generalli en la plaza corusio en Milán

Y ni qué decir de la oficina de turismo, solo hay una en toda la ciudad, a parte de la de la estación central, y es muy poca la información que brindan; según la señora que me atendió solo hay que conocer tres cosas, entre ellas, el barrio de la moda es infaltable. También mencionó a Leonardo Davinci, pero no tenía ni idea de lo que se encontraba en el lugar al cual me envió y eso que se trata nada más y nada menos que del cuadro original de la última cena, que se halla en el museo cenacolo vinciano.

Museo cenacolo vinciano en Milán

Con esto, se confirma el interés y la visión de quienes manejan la ciudad, el tipo de turismo que quieren ofrecer, siendo más bien light y ajeno al lugar en el cual se ubica. Que no haga preguntas, que no piense y que se desarrolle en la zona destinada para ello, sin ir un poco más a esa ciudad que los acoge. Y yo me pregunto: ¿cuántos conocerán la otra cara de Milán?

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